Ficha

Título original: Preacher.
Título en España: Preacher.
Temporadas: 1 (10 episodios)
Duración episodio: 40 minutos
Año: 2016.
Temática: Fantástico.
Subgénero: Religión – Maldad – Diabólico.
Tema: Un predicador de un pequeño pueblo del Sur de los EEUU es poseído por una criatura. Su amigo “Cassidy”, al parecer, es un vampiro en fuga perseguido por una secta de cazadores de esta especialidad terrorífica.
Actores: Dominiqe Cooper, Joe Gilgun, Ruth Negga, Lucy Griffiths, W. Earl Brown, Derek Wilson, an Colletti, Tom Brooke, Anatol Yusef, Graham McTravish.
Lo mejor: la música y las canciones que acompañan la proyección.
Lo peor: que es imposible tomársela en serio.
¿Cómo verla?: Puede verse en HBO.
Puntuación: 6

CLIPS

Todo lo que hay que saber sobre PREACHER

Un predicador se resiste a devolver una entidad espiritual que le ha cambiado la vida. Tal es el punto de partida de esta serie, Preacher, que antes de llevarse a la pequeña pantalla fue cómic. Ciertamente la serie se parece al cómic como un huevo a una castaña, algo hasta cierto punto lógico a la vista de que el lenguaje cinematográfico es distinto al de la historieta, pero lo importante es establecer si la serie tiene unas calidades mínimas aceptables que satisfagan a la mayoría de espectadores potenciales de los que pocos conocerán el cómic originario.

¿PERO QUE LES PASA A LOS EEUU CON ESTO DE LA RELIGIÓN? 

Los EEUU nunca han sido un “país normal” en materia religiosa. Su trayectoria en este terreno oscila entre lo sorprendente y lo exótico, lo sublime y lo supersticioso. Los historiadores de las religiones han establecido que allí se han producido tres “grandes despertares espirituales”. Cada uno de ellos ha generado sectas religiosas que han tenido un protagonismo extremo en los momentos posteriores a su nacimiento. El primer “despertar espiritual” tuvo lugar antes de la independencia contra el Reino Unido. La mayoría de colonos que habían llegado de Europa en los siglos XVII y XVIII eran disidentes religiosos que querían “reconstruir la Creación” en el nuevo mundo partiendo de cero. Muchos eran fanáticos religiosos (como demostró el caso de las “brujas de Salem”) no fueron infrecuentes. La constitución americana recogió moderadamente ese sentir.

Mucho peor fue el “segundo despertar” provocado por predicadores itinerantes que generaban histeria colectiva allí donde iban. Pragmáticos y deseando sentirse fascinados, los norteamericanos lo que querían ver era la “eficacia divina” en forma de curaciones. Los predicadores daban espectáculo y se las arreglaban para que el público creyera que eran capaces de sanar enfermos. Aparecieron los anabaptistas, los mormones, los testigos de Jehová, y demás movimientos milenaristas que todavía siguen existiendo. El “tercer gran despertar” tuvo lugar durante la aparición de la contracultura en los años 60-70 a la que siguió la “new age” en los años 80-90: se implantaron cultos orientales, “nuevos movimientos religioso-terapéuticos”, mientras que otros dieron lugar a la Iglesia de Satán, y sus derivaciones, grupos de afinidad de “hombres lobo” y “vampiros”… Con el milenio se sumó un nuevo y poderoso movimiento, los “cristianos renacidos” que creían hablar con Dios habitualmente y que éste les guiaba en su vida cotidiana, incluso a la hora de elegir entre Kellog’s y Chocokispies, entre Wallmart y Sears.

Lo que en Europa son simples supersticiones, religiones exóticas de poco recorrido, en EEUU son cultos exentos de impuestos. Y son legión, incluso en tiempos de materialismo y ateísmo generalizados. Esta serie, Preacher, como otras muchas que se han estrenado en los últimos tiempos, inevitablemente producidas en Hollywood, hay que encuadrarlas en este contexto específicamente norteamericano que es muy distinto al que se da en la Vieja Europa que, o es cristiana o es atea. Pero en EEUU se puede ser materialista rabioso y a la vez fanático religioso, adorar al dólar y el mismo tiempo rendir culto a dios o al diablo.

EL PREDICADOR POSEÍDO Y EL AMIGO VAMPIRO

En una sociedad así constitutida, la figura del “predicador” es central, especialmente en las comunidades rurales como ésta en donde se desarrolla la trama. Los personajes de la serie son los mismos que los del cómic, no así sus circunstancias ni sus aventuras. Un predicador poseído por una extraña entidad exiliada, hija de dios y del diablo, pretende ejercer su ministerio y ayudar a su comunidad de manera responsable, pero no siempre lo consigue. Además, su mejor amigo es un vampiro. Un par de clones ultraviolentos aspira a restituir la entidad que posee al predicador (“Génesis”) a su exilio hostilizados también por querubines y demás entidades “espirituales” que regularmente terminan estrellándose contra la violencia que ellos mismos desencadenan. El problema de fondo es que se ha producido una desconexión entre el Cielo y la Tierra. Dios ya no está interesado en sus funciones en la Tierra así que ha desertado.

El tema del bien y del mal, de dios y del diablo, de lo justo y lo injusto y de sus distintos perspectivas podría haber dado a una serie provista de diálogos de cierta altura (a la manera de The Young Pope), pero tan solo encontramos algún destello disperso de ingenio. Todo se sacrifica en beneficio de una deriva tragicómica superficial sin ambiciones. Lo que los creadores han hecho ha sido una serie-espectáculo repleta de acción y de tramas independientes, gags gamberros y de muy escasa maduración. El resultado puede gustar a un público no demasiado exigente con los diálogos. A unos les gustará la música (con baladas y canciones muy brillantes), a otros la fotografía de una América casi desolada, los habrá que se fijarán en las escenas de acción y los efectos especiales, o la interpretación de tal o cual actor… pero, en su conjunto, la serie adolece de graves defectos constructivos y notorias incoherencias.

La trama avanza a trompicones, no todas las escenas ni los diálogos tienen sentido, muchas sobran, otra son demasiado forzadas presentes sólo para dar pie a efectos especiales o a escenas de acción (no sea que el espectador se aburra, así pues hay que sobresaltarlo de tanto en tanto). Varios episodios son un absoluto despropósito sin pies ni cabeza. Preacher es de esas series que uno ve sin prestarle mucha atención y que si tiene que ir al retrete ni siquiera se toma la molestia de detener la imagen. Ahora bien, hay que reconocer algunos elementos positivos en las actuaciones de Dominic Cooper (en la serie “predicador Jesse Custer”) y de Joan Gilgun (“Proinsias Cassidy”), el primero muy convincente y el segundo esforzado y manejando un guión flojo. Y, sobre todo, en la selección musical.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Añadamos que la serie tuvo una aceptación generalizada en su estreno en los EEUU (un 90%), lo que abunda en lo que decíamos al principio: es una serie estadounidense, especialmente diseñada para el público de aquel país, poco exportable y nada inteligible en Europa para un público de mediana formación intelectual. Los elogios que le ha prodigado la prensa norteamericana son incomprensibles en cualquier país europeo.

La serie es producto de las particulares concepciones religiosas de los EEUU y, concretamente  “de la America Profunda”.

Hay que añadir algunos matices: los que conocen el cómic abominarán de la serie y los que lo ignoran se preguntarán, permanentemente, de qué va el guión. La serie, eso sí, puede ser adecuada para curiosos, para coleccionistas de películas sobre temas satánicos, vampíricos, paranormales, admiradores de efectos especiales, para ver lucirse a Cooper y espectadores que busquen productos “bizarros” con los que sorprenderse antes de dormir.

ANEXO: SEGUNDA TEMPORADA DE PREACHER

En Julio de 2017, HBO ha empezado la emisión de la 2ª Temporada de Preacher en donde no existen cambios sustanciales respecto a la primera. Sigue el mismo tono presidiendo cada capítulo, si bien ha cambiado el tema: lo que buscan los tres protagonistas es a Dios. Está búsqueda de Dios se ha convertido en una obsesión para el trío formado por “Jesse”, el predicador, su novia “Tulip” y “Cassidy”, el colgado. Al constatar que Dios “se ha ausentado”, parten en su busca camino de Nueva Orleans, perseguido por el “Santo de los Asesinos”, un siniestro personaje que siembra la muerte a su paso. Por todas partes donde llegan inician la búsqueda: “¿Ha visto a Dios”. Al final llegan a la conclusión de que Dios se ha ausentado desde hace tiempo y ha sido sustituido por un actor que se parece a él. Sin embargo, las aventuras de estos tres personajes y de un entorno igualmente atípico y desmadrado no terminan aquí. La “búsqueda de Dios” es la excusa para un recorrido esperpéntico por el Sur de los EEUU y por la ciudad de Nueva Orleans poco después de que fuera arrasada por el Katrina. En esta ocasión no son dos misteriosos seres (que luego resultarán ser ángeles) los que persiguen a los protagonistas, sino una misteriosa banda vestida de blanco y que utiliza furgonetas blancas, además, claro está, de la presencia abrupta y brutal de “El Santo de los Asesinos”. El extraordinario trabajo de ambientación, los encuadres y lo sorprendente de los argumentos, revalidan el interés que la primera temporada pudo ejercer sobre el espectador. La serie, hay que decirlo, sigue siendo una locura enganchosa y apetecible. Tiene mucha gracia en el primer capítulo de la segunda temporada: los vemos en un coche, cantan una canción que en principio no les gusta y a medida que corren con el coche escapando de la poli empiezan a cantar muy, pero que muy motivados. La Canción es de Dexy’s Midnight Runners – Come On Eileen.

Anexo: 5º Episodio –  Segunda Temporada: Cuando el cuarto episodio había terminado justo en el momento en el que los tres protagonistas ven el vídeo del actor que ha sustituido a Dios, el quinto realiza un flash-back que no lleva unos años antes, cuando Jessy y Tulip vivían juntos unos años antes. Nos enteramos de que, un buen día Jesse decide hacerse cargo de la iglesia que le ha legado su padre. Otro salto adelante nos lleva al momento en el que Jesse está a punto de matar al ex marido de Tulip, un mafioso del que terminó separándose. Vemos a un predicador celoso y poseído como de furia divina. Y, finalmente, en la última escena, la aparición, como siempre sangrienta del “Santo de los Asesinos” disparando a diestro y siniestro. Parece evidente que se trata de un episodio de transición y su calidad e interés en, por el momento, el más bajo de esta segunda temporada. Ciertamente, las cosas están más claras y nos hemos enterado de algunos datos sobre los protagonistas, datos que antes no habían aparecido, pero el interés que tienen remite a la primera temporada y parecen completamente descolgados de esta segunda que a partir de la semana que viene entra en su tramo final.

Anexo: Episodios 6º – 10º de la Segunda Temporada

El tramo final de esta segunda temporada alcanza su clímax en estos cuatro episodios en donde “Jessy” reaviva su interés por “encontrar a Dios”. No enteramos de que los tres están albergados en la casa de un anciano que luego resultará ser el hijo de “Cassidy”. En cuanto a “Tulip”, atravesará una mala etapa, si bien conseguirá descubrir que están siendo vigilados por los miembros de la secta “de los de blanco”. Su jefe, por cierto, se entrevista con “Jesse” y le reconoce que nadie sabe dónde está Dios. Ni siquiera sus empleados, el Papa de Roma y el Obispo de Canterbury, con los que “Jesse” puedee entrevistarse en las oficinas de la secta. Sin embargo, aparece un elemento nuevo “the boy”, Jesús, el Hijo de Dios. Cristo tuvo una relación con una mujer de Galilea que solamente fue interrumpida por la llegada de sus discípulos. Esto dio lugar a una saga que ha prolongado su existencia hasta nuestros días. El jefe de la secta, acompaña a “Jesse” a ver al último descendiente: al menos si el Padre ha desaparecido, siempre quedará el Hijo para evitar que el orden se retire del mundo. Por lo demás, en el infierno las cosas no van mucho mejor. Hitler ha establecido buenas relaciones con “Caraculo”, pero el clima allí es cada vez más agobiante y tenso. El surrealismo absoluto de esta segunda temporada, las periódicas efusiones de sangre, las discusiones sobre la presencia de Dios, contribuyen a elevar el tono de tragicomedia teológica de esta serie que todavía dista mucho de haber agotado su potencial. El misterio subsiste al llegar a las puertas del capítulo 11: ¿qué ha sido de Dios cuyo rastro ha desaparecido al llegara Nueva Orleans? ¿Se ha elegido esa ciudad como teatro de la “ocultación de lo divino” a causa de la tragedia que la asoló en 2005 al Katrina? ¿Cómo se relacionará la desaparición de Dios con todo lo que se cuece -y nunca mejor dicho- en el Infierno? Y, por último, ¿los guionistas de esta serie han leído tardíamente a Nietzsche y sus teorías sobre la “muerte de Dios”, formuladas hace más de 125 años y nos están ofreciendo una reactualización dramatizada?