Ficha

Título original: The Fur Just Men.
Título en España: Cuatro hombres justos.
Temporadas: 1 (39 episodios)
Duración episodio: 25 minutos.
Año: 1959-1960.
Temática: Thriller.
Subgénero: Intriga.
Tema: Cuatro ex combatientes de la Segunda Guerra Mundial que se han conocido en Italia deciden luchar juntos para mantener la justicia y el orden
Actores: Richard Conte, Dan Dailey, Jack Hawkins, Vittorio De Sic, Honor Blackman, June Thorburn, Lisa Gastoni, AndrwKeir .
Lo mejor: mostraba el clima de postguerra.
Lo peor: demasiada rigidez en el planteamiento.
¿Cómo verla?: En youtube se encuentran la mayoría de los episodios. También han sido editados en DVD en 2010 en versión original.
Puntuación: 7

Todo lo que hay que saber sobre LOS CUATRO HOMBRES JUSTOS

Una serie para los amantes de los thrillers  y ver cómo no se hace un “thriller”. Realizada con medios muy escasos, pertenece a los años “heroicos” de la televisión. Su planteamiento es muy simple: cuatro hombres se coaligan para defender la justicia. Y, sin embargo, es casi una reliquia. Para muchos, unos serie de culto.

Fue de las primeras series emitidas por Televisión Española cuando todavía en pocos hogares existían aparatos de TV.  Es una serie que solamente recordarán a día de hoy, los mayores de 62-65 años y de la que se dispone de muy poca información. Nunca jamás se ha repuesto, ni siquiera editado en VOSE. Por no encontrarse, ni siquiera se encuentra en Emule. Es más, de no ser por la naturaleza de sus cuatro protagonistas, ni siquiera sería una serie memorable.

LA NOVELA, LA PELÍCULA Y LA SERIE

Cuarenta y cinco años antes que la serie británica The Four Just Men, Edgar Wallace, considerado como el padre del moderno thriller y autor entre otros del guión original de King-Kong (1933), escribió Los Cuatro Hombres Justos (1905). A diferencia de autores como Agatha Christie o Conan Doyle, las novelas de Wallace priorizan la acción sobre la investigación detectivesca y el análisis de los hechos. Simplemente, pasan cosas y pasan constantemente sin dar tiempo a respirar al lector. Esta novela supone el inicio de esta tendencia. Para publicarlo, Wallace creó su propia editorial, editada en fascículos, anunció un premio de 1.000 libras para quien lograra averiguar quién era el asesino. Cometió varios errores en el planteamiento de la campaña publicitaria y, finalmente, quebró teniendo que vender los derechos del libro a otro editor.

La novela fue objeto de una primera versión cinematográfica en 1921 dirigida por George Ridgwell y un remake en 1939. Esta versión ya se parece mucho más a la serie que produjo en el Reino Unido Sapphire Films para la cadena ITV. En la película de 1939, cuatro veteranos de la Primera Guerra Mundial se coaligan en secreto para combatir a sus enemigos de sus respectivos países. Lo importante de la trama es que emplean métodos ilegales para combatir por su patria. La película volvió a estrenarse en 1944 con el añadido de un discurso de Winston Churchill en el que exhortaba a esfuerzos y sacrificios para ganar la guerra. A pesar de la tensión bélica del momento (la Segunda Guerra Mundial se prolongó de 1939 a 1945), la película fue bastante mal acogida por la crítica e incluso considerada como “una payasada hitchcokiana”.

Sin embargo la novela había dejado un buen recuerdo por lo que apenas cuatro años después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, una de las primeras productoras británicas para la TV propuso esta serie de la que se filmarían 39 episodios.

UNA LAS PRIMERAS SERIES DE ACCIÓN

Cuatro soldados de la Segunda Guerra Mundial, dos norteamericanos (“Jeff Ryder”, profesor de derecho, interpretado por Richard Conte y “Tim Collier”, Dan Dailey, periodista destacado en París), un italiano (“Ricco Poccari” o Vittorio de Sica, hostelero italiano radicado en Roma) y un inglés (“Ben Manfred”, Jack Hawkins) se conocen en Italia. Al acabar el conflicto formarán una sociedad para luchar por la justicia y contra la tiranía utilizando sus propios recursos económicos.

El planteamiento parece interesante: cuatro actores que en aquel momento eran suficientemente conocidos y de prestigio, reunidos en una sola trama. Sin embargo, estas buenas perspectivas iniciales se rompen desde el momento en que los cuatro aparecen juntos solamente en el primer episodio. En los 38 restantes se limitan a aparecer en solitario (o, como máximo, aparecen dos, uno de ellos siempre hablando por teléfono). Esto limita el impacto de la serie y la convierte en rutinaria. En cada episodio, después de la presentación, aparecía la foto del actor que iba a protagonizar los 25 minutos que seguirían.

Y este era el segundo problema: en menos de media hora, difícilmente se puede concentrar un thriller que pueda ser considerado como tal. Por otra parte, en la mayoría de los episodios, las tramas son extremadamente simples y no se entiende para qué sería necesaria una asociación de cuatro notables de los que tres ni siquiera son detectives. Otro problema más es la proximidad de la Guerra Mundial. En el tercer episodio de la serie –“El pueblo de la vergüenza”- en un pueblo francés vive un traidor alemán. Obviamente, todavía no había irrumpido la idea de la “unión europea”, y los ingleses seguían considerando enemigos a los alemanes. Otros episodios como el 19 remiten igualmente a la búsqueda de traidores durante el pasado conflicto. También aparecen algunos arcaísmos (la aparición de una red de tráfico de esclavos con base en Roma, por no hablar del episodio 36 en el que el protagonista es un joven torero español, “Cesarito Arenas”…).

EL DURO APRENDIZAJE DE CÓMO HACER TELEVISIÓN

Todos estos elementos pueden perdonarse a la serie a condición de tener en cuenta que fue de las primeras series de acción elaboradas para televisión en Europa. Ni los tiempos ni los productos estaban maduros para dar productos más perfeccionados. Los diálogos eran flojos: habían perdido la tensión del relato original de Wallace y la ambigüedad moral de la película filmada en 1939. Eran simplemente banales, convencionales, vendiendo una moralidad de catecismo o de boy-scout, sin más. El mensaje podría estar adaptado para alumnos de primaria pero no era, desde luego, el mejor para conectar con un público adulto.

La serie terminó sin que existiera un final. Los dos últimos episodios fueron protagonizados por Vittorio de Sica, y el último trata sobre un hormigón de mala calidad utilizado en la construcción de la presa de Treviso. Luego la serie desapareció.

En su conjunto, la serie fue un proyecto frustrado que resultaba excesivamente caro para los estándares de la época. De hecho arruinó a la productora. A pesar de que se utilizaran transparencias para filmar las localizaciones y que la mayor parte de las escenas transcurrieran en decorados muy convencionales, la serie fue económicamente insostenible. Cada uno de los cuatro actores, volvieron a sus largometrajes habituales que les llevarían a la fama en los años 50 (a Vitorio de Sica y a Dan Dailey) y en los 60 (a Richard Conte y a Jack Hawkins).

UNA SERIE DE CULTO… PARA LOS QUE LA VIERON

El tiempo desfigura el recuerdo y debilita la crítica, pero quienes vieron esta serie en España a finales de los años 50, la recuerdan nítidamente. No había otra cosa para ver y una serie en la que –aunque fuera mediante transparencias- nos llevaba por EEUU, Francia, Italia, Reino Unido, era notable y estimulaba la imaginación. No solamente, las productoras no manejaban todavía correctamente las series, sino que los espectadores todavía no teníamos educados los gustos. Series que hoy parecen mediocres, sino rematadamente malas, en aquellos años resultaban simplemente fascinantes.

La serie es recomendable para advertir cómo era la televisión de los orígenes y con qué se confirmaba el público (producciones básicas, argumentos primarios, ambientación mínima, diálogos rutinarios, interpretaciones histriónicas…). Los nostálgicos deberían verla para curarse de su nostalgia. Posteriormente vendrían series como El Santo (1962-1969) que demostrarían que el género había alcanzado su madurez. Y apenas hacía un lustro desde que se estrenó Los cuatro hombres justos.