FICHA:

Título original: Resistance
Título en España: Resistance
Duración episodio: 71 minutos
Año: 2014
Temática: Sobre los riesgos del abuso de los antibióticos y la carrera entre bacterias cada vez más resistentes y antibióticos nuevos
Género: Documental.
Subgénero: Salud.
Director: Michael Graziano
Lo mejor: La claridad en el tratamiento del tema.
Lo peor: La realidad sanitaria de EEUU y de la UE son diferentes.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 8

CLIPS

Web oficial (en inglés)

Trailer (en castellano)

Web oficial (en castellano)

TODO LO QUE HAY QUE SABER SOBRE RESISTENTE

El género documental tiene de bueno que con mucha frecuencia es más sorprendente que una película de ficción. ¿Quién iba a pensar hace ochenta años que los antibióticos recibidos en aquel momento como el remedio a todos los males iban a terminar convirtiéndose en un riesgo? Tenemos tendencia a pensar que solamente un médico puede suministrarnos antibióticos cuando se lo pedimos, pero, en realidad (hasta no hace mucho en Europa y aún hoy en los EEUU), estamos ingiriendo antibiótico de maneras inesperadas. Esto ha hecho que la carrera entre bacterias cada vez más fuertes y antibióticos progresivamente más evolucionados, prosiga sin esperanza.

NO SIEMPRE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA ES CULPABLE

Para diagnosticar una enfermedad producida por una bacteria, además de los síntomas externos, que pueden coincidir con los de otras enfermedades, serían necesarios análisis pormenorizados que no siempre son posibles. Además, en la mayoría de los casos, se trata de enfermedades simples ante las cuales el médico, presionado por el paciente, receta un antibiótico.

Poco importa que el paciente hubiera sanado de su resfriado espontáneamente al cabo de una semana o que el antibiótico ya no sea el adecuado para afrontar la enfermedad en cuestión: lo que importa es que médicos presionados por el tiempo que pueden dedicar a un paciente, por las limitaciones presupuestarias de la Seguridad Social y por los propios pacientes que quieren salir de la consulta con un remedio que les garantice la salud a corto plazo, recetan una y otra vez antibióticos.

El antibiótico es una sustancia que impide el crecimiento de determinados microorganismo causantes, por lo general, de infecciones de origen bacteriano. En los prospectos que acompañan a estos fármacos se especifican los “efectos adversos” (el más habitual en algunos pacientes sensibles cierta subida de fiebre y en algunos casos diarreas  urticarias). También se suele advertir sobre la interrelación con otros fármacos y se alerta, especialmente, los anticonceptivos orales. En general, tanto los laboratorios como las Facultades de Medicina y Farmacia insisten mucho en la “responsabilidad” a la hora de consumir antibióticos. Existe toda una literatura médica sobre el abuso de estas sustancias. Así pues no se trata de medicamentos inocuos sino extremadamente fuertes y se desaconseja la automedicación. Sin embargo, como veremos hay riesgos que, inicialmente, no están contemplados.

UNA LOCA CARRERA DARWINISTA

El problema que no se había previsto inicialmente y que sólo empezó a contemplarse a finales de los años 60, fue que, efectivamente, un antibiótico concreto conseguía detener una infección bacteriana, pero, a medida que el organismo se habituaba a él, siempre sobrevivían algunas bacterias más fuertes ante las que el antibiótico se mostraba ineficaz. La lógica darwinista, una vez más, se imponía: sobreviven los más fuertes. No había problema: los laboratorios, simplemente, diseñaban una nueva molécula que estuviera en condiciones de afrontar a la nueva generación de bacterias. Una vez en el mercado, volví a reproducirse el problema: nuevamente, los virus más fuertes lograban sobrevivir y hacían, a la vuelta de pocos años, ineficiente el antibiótico. Y vuelta a empezar…

En la actualidad los fármacos diseñados para combatir la hipertensión son eficaces y, mientras el sujeto, no altere su ritmo de vida, seguirán siéndolo. El ciclo de uno de estos medicamentos puede ser de medio siglo sin que sufra alteraciones. Sin embargo el ciclo de eficiencia de un antibiótico es extraordinariamente limitado (en torno a cinco años) y lo que es peor: la carrera entre microorganismos cada vez más fuertes parece no detenerse y cada vez aparecen las bacterias ante las que no existe defensa posible, ni antibiótico que las neutralice.

De ahí que los propios laboratorios farmacéuticos sean los primeros en recomendar prudencia en el uso de antibióticos. La investigación, los ensayos y la aprobación de un medicamento son procesos extremadamente caros que se vuelven antieconómicos cuando la efectividad del fármaco es limitada. Y, sin embargo, su consumo está extremadamente extendido.

ANTIBIÓTICOS Y ALIMENTACIÓN

En la EU está desde 1998 introducir antibióticos en la dieta del ganado estabulado. Dinamarca fue pionera en 1992. Sin embargo, en los EEUU esta práctica todavía es habitual. Los motivos son dos: en primer lugar, es habitual encontrar al ganado encerrado en espacios antinaturales extremadamente insanos. Cerdos y vacas viven en el mismo lugar en el que defecan. Las bacterias fecales están constantemente presentes constantemente y, por tanto, las enfermedades son una amenaza siempre presente y mucho más grave si tenemos en cuenta la rapidez con la que pueden extenderse. Hace 60 años se descubrió casualmente que la administración de antibióticos al ganado (concretamente, tetraciclina), no solamente le prevenía ante algunas enfermedades sino que, además, le hacía engordar. Así pues, se trataba del remedo ideal.

A partir de ese momento, primero en los EEUU y luego en todo el mundo, empezaron a administrarse pequeñas cantidades de antibióticos en el agua y en el pienso del ganado y la carrera darwinista a la que hemos aludido pasó también a los establos. El agravante era que cuando estábamos comiendo carne o embutidos procedentes de estos animales, la resistencia de las bacterias de nuestro organismo  ante los antibióticos iba también aumentando.

En la actualidad, el ganado criado en los EEUU recibe 10.000 toneladas de antibióticos para acelerar su crecimiento y prevenir enfermedades. A pesar de que a nadie se le escapa el riesgo que todo esto puede acarrear para la salud humana, en EEUU la FDA, agencia federal de medicamentos, afirma que “No tenemos datos definitivos sobre su peligrosidad, por tanto no podemos actuar”, cuando en realidad, lo que tendría que decir es “los intereses de la industria ganadera y alimentaria, unido a la obsesión del público norteamericano por alimentarse con sobredosis de carnes y el silencio cómplice de los laboratorios farmacéuticos, nos están precipitando a una crisis sanitaria de la que apenas podemos intuir las consecuencias”

Y, por cierto, en Dinamarca, tras prohibir la administración de antibióticos al ganado, vio como aumentó ligeramente la mortalidad del ganado, descendió, también muy ligeramente el peso, pero consiguió en poco tiempo remontar estos problemas menores mejorando las instalaciones de cría del ganado. Hoy Dinamarca produce más cerdos que antes (2.8 millones/año) y ha reducido la utilizaciones de agentes antimicrobianos un 50%.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Existen dos tipos de público: el que consume programas de televisión sobre cocina (al estilo de Master Chef) en los que, mediante un reality show, aprenden a elaborar platos sofisticados, y aquellos otros que están preocupados, no tanto por la forma de lo que comen, sino por las materias primeras que componen su alimentación. Los primeros priorizan el placer, los segundos la salud. Este documental, Resistance, está particularmente dedicado a los segundos; pero los primeros harían bien en verlo. En realidad, este es un documental sobre los riesgos que conlleva un avance científico realizado hace 80 años.

En Ciencia, no todo es lo que parece. Se conoce la llamada “paradoja de Fermi”, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de conectar con civilizaciones alejadas años luz de nosotros, se limitó a contestar que no podremos contactar con ellas porque ya se habrán autodestruido. En efecto, pensaba Fermi, que si eran “tecnológicamente avanzadas”, antes o después, y sin duda entre los años luz que nos llegaban ecos de su existencia y el tiempo en el que lográbamos enviar un mensaje, sería el suficiente para que hubieran desaparecido víctimas de sí mismas. La “paradoja de Fermi” puede aplicarse también al campo de los antibióticos: fueron un gran avance; su abuso, los ha convertido en un gran riesgo.

Vale la pena tomar conciencia de que una bacteria superviviente de los enfrentamientos con los antibióticos más fuertes jamás diseñados, podría hacer desaparecer a buena parte de la humanidad en poco tiempo. Vale la pena que tomemos conciencia de que solamente el refuerzo de nuestro sistema inmunitario es garantía de salud. Vale la pena, finalmente, informarse de los riesgos alimentarios y clínicos que afrontamos cada día para que nada nos coja por sorpresa.

Este documental nos pone al alcance de la mano una información decisiva. Nos toca ahora a nosotros exigir a nuestra clase política medidas efectivas, en lugar de eslóganes vacíos y consignas huecas.