Ficha

Título original: Real Detective.
Título en España: Real Detective.
Temporadas: 2 (16 episodios)
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2016.
Temática: Thiller.
Subgénero: Crímenes – Docudrama.
Tema: Detectives de homicidios retirados que han llevado investigaciones sobre crímenes truculentos cuentan el caso que más impacto tuvo en ellos.
Actores: varían en cada episodio así como los testimonios de los policías reales.
Lo mejor: el rigor y la seriedad del planteamiento.
Lo peor: no se ahorran aspectos desagradables de los crímenes.
¿Cómo verla?: Se emite en Neflix.

Puntuación: 7,5

CLIPS

Presentación (en inglés)

WEB OFICIAL

Web oficial (en castellano)

TODO LO QUE HAY QUE SABER SOBRE REAL DETECTIVE

A poco de empezar el año Netflix ha colocado un producto que, efectivamente, aporta novedad e intensidad al género policial. No estamos ante una serie de investigaciones a los CSI (2000-2015) o a lo Mentes Criminales (2005-hoy), si tampoco documentales como cada capítulo de Crímenes Imperfectos (1996-2011). Es otra cosa. Habitualmente, el mestizaje da productos de calidad inferior a cada uno de los elementos originarios, así pues, al hablar de Real Detective no deberíamos utilizar esta palabra, sino más bien “maridaje”. En efecto, lo que los creadores de esta serie han elaborado ha sido un maridaje entre el documental y el género policial. Y el resultado ha sido perfecto.

NO SON CASOS HABITUALES, SON CRÍMENES ESPECIALES

Una de las cosas que se pueden reprochar a Crímenes Imperfectos es lo irrelevante de la inmensa mayoría de casos que reconstruyen. Gente gris, trastornados en la mayoría de los casos, psicópatas o, simplemente, criminales estúpidos, cometen asesinatos absurdos y, obviamente, son detenidos. Los testimonios de los policías que participan en esas investigaciones y la forma en que cuentan el episodio, es rutinaria; resulta evidente que, para ellos, se ha tratado de un caso más: ni les ha impresionado ni les ha causado un particular impacto; se han limitado a resolverlo y… a otra cosa.

La mayoría de asesinos, ni siquiera son relevantes desde el punto de vista criminalístico: utilizan métodos brutales pero en absoluto diferentes a los utilizados por los mismos asesinos en cualquier otra época histórica. Utilizando casi una terminología nietzscheana podríamos decir que son “malvados”, pero el Mal, con mayúsculas, está ausente en su ecuación personal. Y es que, incluso en el ejercicio de la maldad existen “grandes” y “pequeños”. En general, los criminales que aparecen en Crímenes Imperfectos pertenecen a esa segunda categoría: son malvados y hacen el mal, pero son “pequeños” porque ni siquiera en el ejercicio del mal logran introducir algún aspecto que denote nada que se salga de la normalidad. De ahí el aspecto rutinario y aburrido de los policías que los han investigado.

Sin embargo, los guionistas de Real Detective (parece evidente que el título ha aprovechado de manera oportunista el título de la serie de éxito en 2015 y 2016, True Detective) no exponen crímenes habituales, sino asesinatos que, por algún motivo, han causado una impresión particular en los detectives que los han investigado. En el primer episodio, por ejemplo, un afroamericano preso produce desde el principio una sensación de repulsión en el policía que lo investiga. Esta sensación va creciendo hasta estar seguro de que se trata del asesino al que busca. Sus crímenes han sido horrorosos y siempre han seguido el mismo patrón. La maldad del personaje llega a afectarle en su vida personal. Otro tanto ocurre en el segundo episodio, cuando un detective que es, a la vez padre de familia, debe investigar el crimen cometido en la persona de un niño secuestrado, torturado y asesinado. El pelo de la víctima le recuerda al de su hija. Su testimonio es particularmente estremecedor (el policía fue dado de baja poco después por “estrés post-traumático”).

Los policías que han asumido estas investigaciones están, literalmente, desechos por lo que han visto y por haber tenido que contenerse a la hora de interrogar a los asesinos. Y este estado de hundimiento interior es lo que nos muestra esta serie que hasta ahora ha pasado desapercibida y que, sin embargo, debería de verse como uno de los mejores productos de la temporada.

UNA MECÁNICA DIFERENTE: DOCUDRAMA

La diestra combinación entre el testimonio de un detective de homicidios y la reconstrucción dramatizada del caso que le impactó, es seguramente el mayor atractivo de esta serie. Quedaría clasificarla en un género concreto. Es un thriller insertado en la realidad y en la que un testimonio real ofrece la posibilidad de servir como hilo conductor. Quizás el que mejor le cuadre sea el de “docudrama”. Se considera que existen “docudramas” de tres tipos: el “puro” en el que se presenta una realidad como ocurre en ese momento (una estación de bomberos que acude al ser requerida para la extinción de un incendio), el “parcialmente puro” (en el que los protagonistas cuentas sus historias) y el “ficcionado” (en el que una historia real se reproduce mediante actores). Real Detectivesea una mixtura entre estas dos últimas variantes: es el policía real el que cuenta la historia que es interpretada por actores.

Este tipo de géneros de “síntesis” son peligrosos: si se atribuye mayor importancia al testimonio real se generan productos “fríos” y sin alma, como la serie que hemos mencionado, Crímenes imperfectos. Si, por el contrario, el énfasis se coloca en la dramatización, la historia parece dejar de ser real para convertirse en un thriller policial típico. Sin embargo, lo sorprendente de Real Detective es la perfecta imbricación entre las dos partes: la que proporciona intensidad emocional es el testimonio de cada detective de homicidios; la que nos cuenta historia tal como ocurrió, la reconstrucción dramatizada.

El resultado es espeluznante. A fin de cuentas, sabemos que los casos que se presentan en Mentes Criminales o CSI son pura ficción. Los degustamos como si se tratasen de fases de un video-juego. Pero los que desfilan en las dos temporadas de Real Detective sabemos que se produjeron realmente.

UN ESTUDIO SOBRE EL MAL 

Existen dos profesiones extremadamente duras psicológicamente: la del sacerdote en el confesionario (al que se le comunican constantemente las miserias de la naturaleza humana) y las del detective de homicidios obligado a presenciar directamente el resultado de la maldad. Profesiones distantes, para cuyo ejercicio se requiere a personalidades extremadamente frías y distantes o bien a individuos a prueba de depresiones.

Se dice que entre un 2 y un 5% de la población está formada por psicópatas. Esto implica, oigan bien,  que de cada 100 personas que nos cruzamos al día, un mínimo de 2 y un máximo de 5, están predispuestos para la ejecución del mal y por su cerebro solamente pasa la maldad. Y para esa enfermedad mental no existe ni explicación ni tratamiento. Se sabe sólo que se manifiesta en la infancia (recuérdese la serie Dexter [2006-2013]), pero no se tiene remota idea de qué la genera ni de cómo tratarla. De hecho, el tipo de psicópata más habitual es el del “integrado” que está entre nosotros e incluso puede ocupar un alto cargo político o empresarial (la forma de organización y la competitividad de las sociedades modernas hacen que, paradojicamente, los psicópatas sean las personas mejor preparadas para destacar). El psicópata siempre hace daño allí donde va, pero solamente un tipo de psicópatas se sienten impulsados a ejercer el crimen y experimentan placer al segar vidas humanas. Ningún ser, psicológicamente estable, puede entender el comportamiento de un psicópata por mucho que lo intente. Pero la frecuencia con la que aparecen genera inquietud en quienes están más cerca de ellos: los policías que los investigan. Esta serie es un homenaje a ellos.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Si usted tiene estómago suficiente para escuchar y ver relatos sobre el Mal con mayúsculas, debe de ver esta serie. Es posible que varíen algunas de sus convicciones sobre las posibilidades de reinserción social de criminales de este tipo. Algunos de los testimonios que hemos recabado nos han confesado que esta serie les ha movido a ver contemplar la pena de muerte desde otro ángulo: ¿qué hacer con criminales que no tienen cura? ¿Qué sentido tiene mantenerlos 50 ó 60 años en la cárcel? No vamos a opinar sobre esto. Pero si es bueno quien quiera opinar lo haga con conocimiento de causa. Esta serie proporciona algunas claves sobre la naturaleza del Mal en nuestra sociedad. Sólo por eso ya vale la pena verla.

Se trata de una serie que engancha con facilidad. El hecho de cada testimonio cambie en cada entrega, hace que siempre nos preguntemos cómo será el detective que narra su caso en el episodio siguiente. Sabemos sólo que no será el mismo estilo que el del episodio anterior, pero que lo que narra, le habrá afectado profundamente en su interioridad. Y además nos preguntamos qué es lo que hay “ahí fuera”, que oscuros peligros se ciernen sobre nosotros y sobre nuestros hijos en un mundo que ni siquiera tiene valor para reconocer que debe liberarse como sea de los psicópatas que están entre nosotros.

Gustará a los habituales de series policiales o de documentales estilo Crímenes imperfectos, les llevará un paso más arriba en las posibilidades de esta temática. También gustará a los que se interesan por los aspectos psicológicos de policías y criminales. Más realista que Mentes Criminales y más veraz que CSI, gustará sin embargo, a los que se sintieron atraídas por estas dos series de referencia. Y, finalmente, es recomendable para todos aquellos que quieran conocer el aspecto más conflictivo de las sociedades modernas que han consentido que el Mal anide en su interior