Ficha

Título original: El final del camino.
Título en España: Tel final del camino.
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 60 minutos
Año: 2017.
Temática: Histórica.
Subgénero: Drama – Medievo.
Tema: Tres hermanos, de los que uno fue secuestrado por musulmanes en su infancia, se encuentran mientras se está construyendo la Catedral de Santiago de Compostela, en la Hispania del siglo XI y durante el reinado de Alfonso VI de León y Constanza de Borgoña.
Actores: Antonio Velázquez, Javier Rey, Ismael Martínez, Guillermo Barrientos, Begoña Maestre, Manuel de Blas, Juan Fernández, Cristina Castaño, Asier Etxeandía.
Lo mejor: la idea de realizar una serie en torno a la Catedral de Santiago.
Lo peor: El simplismo extremo con que se resuelven algunas situaciones.
Puntuación: 6
¿Cómo verla?:
En TV1 y en el enlace citado como Web oficial

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Trailer de El final del camino

Web oficial

LO ESENCIAL DE EL FINAL DEL CAMINO

En la noche del 11 de enero de 2017, TV1 ha estrenado su nueva miniserie El final del camino que deberá prolongarse por espacio de siete entregas más hasta el 1º de marzo. Ambientada en la Galicia del siglo XI, la primera impresión que ha dejado es la de ser una serie de aventuras muy similar a Aguila Roja (2009-2016) sólo que, históricamente, desplazada cinco siglos antes. El que el encuadre histórico sea cuestionable es lo de menos. En estos casos, las licencias, como el valor al soldado, se le suponen; y se permiten. Las coreografías de los combates son aceptables. Los efectos especiales de diversa brillantez. La escenografía se podría haber superado. Pero lo importante es que “pasan cosas” y que hay cierto dinamismo en la narración. Hará falta ver si todo mejora, se estanca o deja un sabor amargo, agridulce o meloso cuando concluya. Podemos adelantar algunas consideraciones.

EL “TERRORISMO ISLÁMICO” EN EL SIGLO XI

El elemento “anti islámico” está presente en esta serie. Desde la primera escena a la última, los islamistas aparecen como los “malos”: son ellos los que secuestran a uno de los tres “hermanos Catoira” (Gonzalo, Pedro y Esteban), lo venden como esclavo y matan a sus padres; es un cruel reyezuelo musulmán de Toledo el que ordena decapitar a los presos, son los almorávides, los que invaden España a petición de la morería española… Almorávides que, con su fanatismo y su radicalismo que es inevitable que recuerde (incluso en los uniformes) al Estado Islámico o al ISIS…

En estos momentos, cuando se presenta a los islamistas como asesinos y fanáticos, lo que se está es remitiendo a algo tan actual (y tan poco medieval) como el terrorismo fundamentalista y el yihadismo. ¿Era esto lo que pretendía la serie? No hay que descartarlo. Pero si era esto, habrá que recordar lo insensato del planteamiento: el que la televisión de Mariano Rajoy apunte baterías contra el fundamentalismo islámico que llegó a España de la mano de José María Aznar, es de traca. Vale la pena recordar que fue Aznar el que entreabrió las puertas a la inmigración islámica en España cuando ya estaba claro que el Islam tenía una increíble tendencia para radicalizarse y presentaba en toda Europa dificultades de integración. El mostrar una serie en la que los islamistas medievales, adquieren los rasgos de terroristas modernos, no puede ser, de ninguna manera algo inocente.

Luego está la sorpresa del primer capítulo que no es tal: el hermano secuestrado, “Pedro de Catoira”, liberado por su hermano “Gonzalo” cuando estaba a punto de ser ejecutado, resulta ser un fanático islamista que asesina, por el consabido método del degüello, a un “moro bueno” que trabaja en las obras de la Catedral de Santiago de Compostela, sólo porque lo ha reconocido. Presentar esta especie de “síndrome de Estocolmo” medieval, es un recurso que ya hemos visto en la primera temporada de Homeland (2011-hoy) cuando “Nicholas Brody” se ha convertido al Islam durante su cautiverio.

TRES HERMANOS, TRES LÍNEAS ARGUMENTALES

El más joven de los tres hermanos es “maestro de obras”, “constructor” nos dice él mismo. Es quizás el elemento más prometedor de la serie porque sugiere que la Catedral de Santiago fue construida por un maestro inspirado casi por procedimientos paranormales. Veremos por donde discurre esta veta del guión que puede llegar a lo sublime o a lo ridículo. El otro hermano es el guerrero. No maneja el cincel y el mallete, la escuadra o el nivel, sino la espada y la lanza, se defiende con el escudo y se cubre con la cota de malla. Ambos están al servicio del “Dómine”, esto es, del “Obispo Peláez”. Finalmente esta el hermano secuestrado por los moros y secretamente islamizado…

Cada uno de estos elementos protagoniza una línea argumental distinta dentro del mismo relato. Es bueno que una serie de televisión nos recuerde lo que Georges Dumézil halló en los años 30, que las sociedades indo-europeas tenían una división “trifuncional”, entre sacerdotes (función contemplativa), caballeros y hombres de armas (función guerrera) y artesanos (función productiva). Así pues, el planteamiento inicial de la serie no es malo y esperamos que su desarrollo vaya mejorando.

Sin embargo, en este primer episodio, el elemento más débil es el presentar a una ciudad de Toledo, sitiada por un ejército cristiano durante meses, rindiéndose después de que “Gonzalo” y un guerrero amigo suyo penetren a pecho descubierto en la ciudad y maten al visir con la facilidad con la que un niño juega a la rayuela.

También hemos visto algunos problemas de montaje particularmente evidente cuando, tras la toma de Toledo, el “Dómine”, “Gonzalo” y su hermano recién rescatado casi, sin solución de continuidad, aparecen en el hospital regentado por la esposa de éste. Las incoherencias históricas también están presentes: uno de los malvados al servicio del “Dómine” lleva el hábito de los dominicos, orden que solamente será creada casi un siglo después. Finalmente, podemos decir que en este tipo de series y, mucho más hoy cuando hemos visto verdaderas maravillas, no basta con armar una escena de acción mediante un encontronazo más o menos espectacular entre dos equipos. Precisamente, en la Edad Media se tenía muy en cuenta la táctica en los combates y no se trataba de lanzarse unos a otro como en una riña tabernaria. Las escenas de lucha deberían ser asesoradas por verdaderos expertos en la época.

El Rey de León aparece como un tipo cruel y sanguinario, ávido de plata y sin otro mérito más que su ambición y su sadismo. Su mujer, la reina Constanza de Borgoña, conspiradora y casquivana tampoco sale bien parada. Envenena de odio a su marido el rey, mientras se lo hace con un conde pusilánime y servil. Y uno se pregunta si el guión lo ha hecho un republicano. Porque resulta inevitable pensar en una Reina “intervencionista” y en un Rey de escasas cualidades de gobierno. Hasta ahí podemos leer. En cualquier caso, no parece muy de recibo que en una televisión pública y en una serie “histórica”, se siegue el césped bajo la monarquía, que es el régimen actual del país, una monarquía constitucional.

LO QUE FALTA A LA SERIE

El pasado lunes se estrenaba Taboo, serie británica, que roza la perfección. Dejando aparte, que el guión de El final del camino, encierra como hemos visto, algunos elementos extremadamente sugerentes (la principal, la construcción de la Catedral de Santiago de Compostela), hay algo que decepciona y que se arrastra también de Águila Roja: la limpieza de los escenarios, lo pulcro de los personajes. A estas alturas, presentar a personajes de la Alta Edad Media como perfectamente peinados, siempre aseados, recién bañados con cualquier gel hidratante, simplemente, no es de recibo. Echamos en falta suciedad, incluso roña, pieles curtidas por el sol, enrojecidas e irritadas por la cota de malla, mierdas de caballo en los caminos, olor a suciedad y a cocido, sangre de ganado sacrificado, villanos desdentados y rústicos patanes cubiertos de costras y eczemas, el estruendo del herrero y la música del cantero, barro en los caminos y niebla en los cielos, nubes y tormentas, colores desvaídos en lugar de la “United colors of Benetton” increíble en pleno Medievo.

En las tomas de estas series, en su fotografía, parece que siempre luzca el sol, que todo, incluso el villano más zarrapastroso, utilice desodorante, geles y champús suavizantes. Es esa nitidez y perfección en las series “históricas” españolas lo que está fuera de lugar. Kubrick estuvo obsesionado por los colores del siglo XVII y los reflejó en su Barry Lyndon (1974), el expresionismo alemán nos mostraba la sordidez grisácea de los primeros años 20, Taboo –estrenada sólo unos días antes– reconstruía el Londres de las guerras napoleónicas y, como en los demás casos, nos lo daba la sensación de estar en esa época. Sin embargo, en Al final del camino, ocurre lo inverso: se presenta a la Edad Media (a la Alta Edad Media) tal como la veríamos con unos ojos del siglo XXI, no esforzándose por aproximarnos a cómo podía ser en realidad.

VALORACION

Hay tres tipos de series: las que arrancan flojas y se van afirmando con el paso de los capítulos; las que lo hacen brillantemente y se apagan a medida que avanzan; y, finalmente, las que son brillantes desde el primer hasta el último capítulo. El final del camino no pertenece, desde luego, a esta última clasificación. Queremos pensar que está dentro de las primeras y que en los siete capítulos que quedan, irá mejorando, los actores entrarán más en su papel, los guionistas se centrarán en las distintas líneas argumentales, entrecruzándolas y generando interés y expectación y, finalmente, estaremos ante la “gran serie” de TV en la temporada 2017. Hacemos votos por ella. Es la obligación de TVE realizar productos competitivos y de altura, exportables y económicamente viables por las ventas a otras televisiones. En el anticipo de lo que veremos la semana que viene aparecen algunos elementos interesantes y prometedores. Veremos si se confirman. Por nuestra parte, modificaremos lo modificable el 1º de enero. Y esperamos sea para bien.