Título original: The fugitive.
Título en España: El fugitivo.
Temporadas: 4 (120 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1963-1967.
Temática: Thriller
Subgénero: Policiaco – Acción.
Tema: Un médico, condenado por el asesinato de su mujer logra huir cuando se le conducía hasta el corredor de la muerte. A partir de ese momento, se esfuerza por encontrar “al manco” que considera como asesino de su mujer, perseguido por un implacable teniente de policía
Actores: David Janssen, Barry Morse, Bil Raisch.
Lo mejor: el dinamismo que le supieron imprimir sus directores a cada episodio.
Lo peor: el esquema no variaba en ningún episodio
Puntuación: 6,5

CLIPS

Episodio de muestra (en castellano)
Sintonía y presentación

¿Cómo verla?: algunos episodios pueden verse en youtube en VO. La serie puede bajarse de emule en castellano y en versión original, también puede adquirirse en DVD.

LO IMPRESCINDIBLE SOBRE LA SERIE

El fugitivo llegó a España en la segunda mitad de los 60 y nos tuvo en vilo durante ciento veinte semanas. El país parecía alarmado de que un policía de aspecto desagradable y adusto pudiera perseguir de manera inmisericorde a un pobre médico pediatra al que le habían asesinado a su mujer y un tribunal lo declarado culpable. No solamente, todos sabíamos que era inocente, sino que, además, conocíamos el rostro del verdadero asesino y su condición de manco. Todo el país estaba ya suficientemente bregado en series norteamericanas así que no teníamos dudas que la cosa terminaría bien, pero ignorábamos cuándo y cómo se restablecería la verdad y la justicia. Mientras el país pagaba los plazos del 600 o regresaba a casa después de una dura jornada de pluriempleo, esta serie desgranaba las aventuras del “doctor Richard Kimble”.

UNA HISTORIA REAL

Lo más original de la serie, era, desde luego, la naturaleza de minusválido del asesino: era manco. Hoy, una serie así no hubiera podido filmarse. El culto a lo “políticamente correcto” imponría que el verdadero asesino fuera un individuo perfectamente normal que no perteneciera a ninguna minoría. Y, de hecho, en el caso real que inspiró esta serie, el verdadero culpable, no sólo no era manco sino que se trataba de un blanco, anglosajón y protestante, Richard Eberling que como único rasgo diferencial, era calvo.

En efecto, el 3 de julio de 1954, el doctor Sam Sheppard y su esposa Marilyn, dormían plácidamente en su tranquilo domicilio en un suburbio de Cleveland. En las primeras horas de la madrugada, Marilyn resultó golpeada brutalmente, desaparecieron algunos objetos de valor. Su marido, que se había quedado dormido en un sofá, acudió cuando oyó los gritos de su mujer, persiguió al intruso y forcejeó con él perdiendo el sentido. Cuando llegó la policía, ésta constató que el perro no había ladrado y que el hijo del matrimonio no se había despertado. Las sospechas recayeron sobre Sheppard que fue declarado culpable después de una loca campaña mediática que logró influir tanto en la investigación como en la opinión del jurado. De nada valió el que la defensa demostrara que Sheppard tenía lesiones graves que solamente podían haber sido ocasionadas por un agresor e imposibles de simular o que el acusado no tenía manchas de sangre de su esposa, a pesar de que el escenario estaba prácticamente inundado por la sangre de la víctima. Fue declarado culpable de asesinato en segundo grado el 21 de diciembre de 1954 y condenado a cadena perpetua. El 7 de enero siguiente, su madre se suicidó y once días después murió su padre. A partir de ahí se inició un turno de apelaciones que se prolongó durante 10 años. Fue liberado diez años después declarándolo “no culpable”.

Sheppard se volvió a casar (para aumentar la polémica, su nueva esposa, Ariane Tebbenjohanns, era hermanastra de la esposa de Josep Goebbels, el Ministro de Propaganda de Hitler. El matrimonio duró poco y en 1969 terminaron divorciándose. Un nuevo juicio sobre el asesinato de su primera mujer le declaró “no culpable”. Fue entonces cuando se casó con la hija de un luchador profesional. Su suegro le enseñó a luchar y lo entrenó. La notoriedad adquirida por Sheppard en el curso del proceso garantizó la presencia de un público exaltado y morboso en los 40 combates como profesional en los que participó. Sus conocimientos de anatomía le permitieron desarrollar una “llave” para inmovilizar a los adversarios, la “presa de mandíbula”. Aún tuvo tiempo de asarse una vez más, abrir una pequeña consulta médica y morir alcoholizado en 1970.

El hijo de Sheppard y de Marilyn, se empeñó en demostrar la inocencia de su padre y encontrar al verdadero asesino, además de demandar al Estado por encarcelamiento indebido. Se desvelo que en la época, la policía había interrogado a un tal Richard Eberling, ladrón de poca monta que había operado en la zona y luego se vio vinculado a varias muertes sospechosas e implicado en un crimen realizado en parecidas circunstancias. Se cotejaron las muestras de sangre encontradas en la casa de los Sheppard con las de Eberling que resultaron coincidentes en un 90%, insuficientes para establecer una relación directa. Eberling murió en la cárcel en 1998. Antes, dos compañeros de celda habían declarado que les confesó que había asesinado a Marilyn Sheppard, testimonios que fueron considerados no verosímiles por el juez.

Tal es la historia real que llevó directamente a la creación de la serie El fugitivo. Si nos hemos extendido es porque, como puede apreciarse, algunos aspectos de la realidad, superan con mucho a la ficción.

EL SÍNDROME DEL FALSO CULPABLE

La idea del “falso culpable” suele aparecer en pantalla desde los años 30. Recientemente esta idea ha aparecido en series como El Tirador, The Night Of o Absuelto. Era una idea vieja que había aparecido previamente en varios episodios de El Rebelde, pero nunca como temática de toda una serie. En El fugitivo constituye el tema central que da sentido a la serie: el falso culpable, en este caso, es consciente de que solo puede reivindicarse a sí mismo, encontrando al verdadero autor del crimen. Él lo vio y sabe de su condición de manco.

La primera vez que emergió esta temática en el cine fue de mano de alguien que había sido presentado por los medios de comunicación como sospechoso en la muerte de su primera esposa: nada menos que el director Fritz Lang. De hecho, a partir de este episodio, Lang empezó a sentirse incómodo en Alemania desde principios de los años 20 y su marcha a EEUU se debió, mucho más a la repulsión que le causaba el pensar que algunos interlocutores podían creer que había tenido algo que ver con el asesinato de su mujer que a causas políticas como sugirió (en realidad, el propio ministro de Propaganda del Reich le ofreció el cargo de director de la cinematografía alemana poco antes de salir en dirección a Hollywood).

Las primeras películas que filmó en la meca del cine, precisamente, contemplarían la idea del falso culpable en su argumento (véase Furia [1939] o Sólo se vive una vez [1944], Más allá de la duda [1956]). A partir de Lang, la idea del hombre inocente perseguido se extendería a otros directores. Hitchcock la explotó con éxito en Falso culpable (1956).

TRES ACTORES PARA UNA SERIE

Poco se puede decir del personaje de “el manco”. Interpretado por Bill Raisch, actor que era efectivamente manco (había perdido el brazo derecho en la Segunda Guerra Mundial), lamentablemente para él, el cine en aquella época no necesitó muchos papeles para un actor de sus características. Se le conoce una actuación suya junto a Kirk Douglas en la película Los valientes andan solos (1962). Tras concluir la serie (en la que, además de como “el manco” utilizaba el nombre de “Fred Johnson”), se retiró de la actuación y volvió a ser profesor de interpretación y danza. Murió a los 80 años en 1984 de un cáncer de pulmón.

El “teniente Gerard” tuvo una más dilatada carrera escénica. Había nació en Londres en donde conoció a Bernard Shaw e interpretó varios dramas shakespereanos. Allí permaneció hasta mediados de los años 30. Luego se desplazó a los EEUU y siguió trabajando en radio y en el teatro. Su nivel interpretativo era muy  bueno (mejor, dese luego, que el de David Janssen, protagonista de la serie) a pesar de que solamente participó ocasionalmente en unas pocas películas, al lado de actores omo Yul Brynner, George C. Scott, Peter Cushing o Faye Dunaway. El teatro era lo suyo y tras su participación en la serie El fugitivo volvió a él en donde trabajó hasta 2004. Sin embargo, el buen recuerdo que había dejado en la serie hizo que las productoras lo requirieran para protagonizar Space: 1999 (1975-1976) y participara como actor invitado en otras muchas producciones.

En cuando la protagonista de la serie, David Janssen (“doctor Richard Kimble”) fue contratado desde muy joven por la 20th Century Fox y apareció en 32 películas en papeles secundarios. Su papel relevante en Regreso al infierno (1955) le llevó directamente a la serie El detective (1957-1960). Y de ahí a encarnar al “doctor Kimble”. En 1967, cuando concluyó la serie, estaba en la cúspide de su fama que se mantuvo hasta el final de la década apareciendo en largometrajes como Boinas Verdes (1968), Las sandalias del pescador (1969) o Perdidos en el Espacio (1969). Cuando volvió a la televisión, la serie que protagonizó en 1970, Harry O, resultó un fracaso y apenas se mantuvo una temporada en antena. Luego participó en “películas de catástrofes” de los 70 que solían mostrar a viejas glorias que todavía eran recordadas por el público. Su carrera colapsó a finales de esa década. Falleció diez años después.

VALORACION Y RECOMENDACIONES

Después de que en 1993, Harrison Ford rodara el largometraje El fugitivo, inspirado en la serie y en el caso del doctor Sheppard, empezamos a preguntarnos cómo los productores de esta serie lograron arrastrarla durante 120 episodios. El “doctor Kimble” parecía afectado de un episodio extremo del “síndrome de fuga”. No era el único en la época. Cuando se ven series como Kung Fu o El rebelde se percibe que, en el fondo, el tema recorrió transversalmente la televisión de los años 60 y 70.

Un psicólogo nos podría decir que los cambios en las costumbres de aquella época, generaban una inseguridad, e incluso la percepción de unos riesgos, de los que muchos querían huir en busca de terrenos más estables y en los que pudieran asentarse sin que sus posesiones fueran amenazadas. Un psiquiatra diría que la falta de valor para afrontar la dialéctica entre Eros y Thanatos, impulsaba a situaciones de huida ante los problemas. Y un guionista argumentaría que las ideas a las que puede recurrirse a la hora de plantear una serie, aun siendo muchas, tienen un límite y no es raro que los temas se vayan repitiendo.

Pero lo que cuenta, en el fondo, no es que “el doctor Kimble” fuera poco expresivo y que los episodios repitieran el mismo esquema una y otra vez: un policía que persigue y un huido que se escapa en busca de un manco al que apenas logra encontrar unas pocas veces. La fórmula tuvo éxito. En España se entiende porque solamente existía un canal y cuando regresábamos al hogar en aquellos años 60, años de la locura desarrollista y en donde no teníamos ningún problema por encontrar uno, dos o incluso tres empleos simultáneos, agotados, en realidad nos daba igual lo que “echaran” por la tele. Cualquier cosa todavía nos maravillaba. No habíamos perdido la ingenuidad.

La seria ha perdido con el paso de los años. No porque sus tres primeras temporadas fueran filmadas en blanco y negro y solo la tercera en color, sino porque la película de Harrison Ford terminó asesinándola. Hoy está ahí para seriéfilos compulsivos, para historiadores de las series, para amantes de series de acción y para cronistas de una época y, por supuesto, para afectados por el síndrome de fuga.