FICHA:
 
Título original: Spanish Western.
Título en España: Spanish Western.
Duración episodio: 56 minutos
Año: 2014
Temática: Un repaso sobre el origen, el desarrollo, auge y desaparición del “spaghetti  western” filmado el Almería y como influyó en el desarrollo de la provincia.
Género: Documental.
Subgénero: Historia del Cine – Social
Director: Alberto Esteban
Lo mejor: Recordar que en los años 60 la modernidad todavía no había entrado en Almería.
Lo peor: Que no menciona ningún título concreto.
Puntuación: 7
¿Cómo verlo?: Puede verse gratuitamente en el enlace indicado RTVE.

TODO LO QUE HAY QUE SABER SOBRE ESTE DOCUMENTAL

El pasado 6 de enero de 2017 TVE nos ofreció un documental filmado algo más de un año antes. Un buen regalo de Reyes porque en menos de una hora pudimos recordar, no solo aquel género ya desaparecido y del que solamente Tarantino se ha preocupado por rememorar en Django desencadenado (2012) y Los odiosos 8 (2015): el spaghetti western. A pesar de las connotaciones italianizantes del género, este documental nos recuerda que gracias a él, una provincia olvidada, la penúltima en renta per cápita en aquel momento, Almería, logró dinamizarse. Sólo por eso, ya valdría la pena ver este documental.

DE ESPLUGAS CITY AL DESIERTO DE TABERNAS

En sur de España tiene un lugar cuyo paisaje corresponde a otras latitudes. Lo mismo vale para rodar escenas de ciencia ficción que se desarrollan en otro planeta como para ambientar la acción en latitudes exóticas. Es, simplemente, un paisaje casi lunar, más parecido a las zonas desérticas de Nuevo México. Además, en los años 60, la vida allí estaba también mucho más próxima al México de la segunda mitad del siglo XIX que a la Europa desarrollada de la postguerra. Estos dos elementos fueron esenciales para que entre el primer tercio de los años 60 y el segundo de los 70, se desplazara allí la producción mundial de westerns. Spanish Western nos habla de lo que implicó este ciclo y lo hace a partir del testimonio de algo más de una docena de personajes que participaron en aquel capítulo que hoy pertenece a la historia del cine: extras, directores, técnicos, especialistas, actores…

Román Gubern, como catalán e historiador del cine, se preocupa de recordarnos que apenas 20 km de la Plaza de Cataluña, en el término municipal de Esplugas, a principios de los años 60 se construyeron los decorados en los que en pocos años se filmarían 60 westerns. Lo que no dice Gubern es que Estudios Balcázar, propietario del gran plató construido en aquella localidad y que incluía la reproducción de un pueblo del farwest. Antes, estos estudios habían rodado en la montana de Montjuich pero un incendio destruyó sus estudios. Así pues, la empresa transformó una hectárea de cultivo en un poblado del Oeste con su saloon, su barbería, su oficina del sheriff, su herrería, su hotel, el banco, la Iglesia. Entre ellos situó fachadas tras las que no había absolutamente nada. Entre 1964 y 1967 se rodó allí día y noche A destajo. La construcción de la autopista obligó a construir otro poblado más pequeño. Allí se rodó la saga de Le llamaban Trinidad. Los estudios de Esplugas eran cómodos para los actores que podían residir en la vecina y cómoda Barcelona de la época. Sin embargo, los precios de los extras y la competencia del desierto de Tabernas hicieron que los propietarios del poblado trataran sin éxito de convertirlo en un parque temático y luego optaran por incendiarlo en el curso de una película que fue la “oración, despedida y cierre” del “spaghetti western catalán”: Le llamaban Calamidad.

El desierto de Tabernas tenía una serie de ventajas en relación a “Esplugas City”: los exteriores eran amplios, podían situarse películas ambientadas en el desierto de Arizona o en el norte de México. El subdesarrollo de la zona permitía utilizar grandes masas de extras contratados a bajo precio. Físicamente, estos extras, tenían un aspecto que se adaptaba muy bien a la temática de las películas: podían pasar por indios o por mexicanos. Y lo mejor de todo: entre ellos abundaban los buenos caballistas. ¿Cómo no ir al desierto de Tabernas a rodar frenéticamente westerns de distintas calidades y presupuestos?

ALMERÍA 1960: CON LA MISERIA AL CUELLO                                             

Uno almeriense que en aquellos años había participado como extra en varias de estas películas decía a la cámara de Spanish western: “La vida aquí estaba fatal, mal, muy mal”. Almería estaba a la cola del desarrollo que se iniciaba en aquellos años. Allí no había ni polígonos industriales, ni planes de desarrollo locales. En la capital, sobre 40.000 habitantes, 13.000 vivían en cuevas. La agricultura era pobre. El esparto daba para poco. La provincia se había ido despoblando dese principios del siglo XX. Muchos almerienses, al decaer la uva se habían trasladado al Norte de África en donde los franceses la estaban impulsando en Argelia y otros optaron por instalarse en América. Había miseria. El cine fue la primera ocasión que tuvo Almería para recuperarse.

Con la película Ojo por ojo (1957) el paisaje almeriense fue conocido en todo el mundo. Fe el anticipo de lo que vendría. Y no fue solamente spaghetti western lo que se filmó: películas como Lawrence de Arabia (1962), Cleopatra (1963), Patton (1970), Conan el Bárbaro (1982), Indiana Jones y la última cruzada (1989) se filmarían en aquellos escenarios. Y, en lo que se refiere a spaghetti westerns los títulos allí realizados figuran entre los mejores del género: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), El bueno, el feo y el malo (1966)… Es una pena que el documental apenas mencione los títulos que allí se filmaron y que todavía se recuerdan por su calidad.

Aquel desembarco masivo de actores, directores, equipos técnicos, extras y especialistas, supuso para la provincia una inyección económica inseparable de su desarrollo futuro. Se ganaba más trabajando una semana como extra que en cuatro meses de trabajo en el campo. Además, los granes actores daban sustanciosas propinas a sus machacas por apenas ir a buscarles un paquete de tabaco o traerles un cafelito. Los más hábiles se las ingeniaron para salir del anonimato: vieron que arriesgando un poco el físico en escenas peligrosas cobraban mucho más. Y adoptaron la mentalidad del torero: victoria o muerte. Con el paso del tiempo aprendieron técnicas de los “especialistas” en escenas de peligrosas y constituyeron un grupo especializado que era habitualmente requerido para una u otra producción.

Carpinteros, escayolistas, albañiles, fueron requeridos para construir decorados o adaptar poblados abandonados preexistentes. Además llegaron a Almería legiones de sastres, iluminadores, decoradores, equipos de producción, actores, guionistas, directores que estimularon la creación de pequeños hoteles y pensiones y, sobre todo, generaron algo que la provincia todavía no había tenido en la postguerra: inyección de dinero.

En apenas 12 años, de 1963 a 1975 se filmaron 200 westerns de distintas calidad. Por allí pasaron directores como Orson Welles, John Huston, Markiewicz e incluso los jóvenes Spielberg y George Lucas. Los mejores actores de la época desfilaron por allí: Peter O’Tolole, Anthoyn Quinn, Faye Dunaway, Brigitte Bardot, Michael Caine, Charles Bronson, Sean Connery, Charlon Heston, Henry Fonda, Burt Lancaster, Richard Burton, Clint Eastwood, Raquel Welch, Ursula Andress, James Coburn, Bud Spencer, Gene Hackman, Lee Marvin, Gina Lollobrigida, James Mason, Lee Van Clift, Elke Sommer, Alain Delon, Jack Nicholson, Yul Brynner, Rex Harrison, Terence Hill…

Todos ellos, tuvieron que sufrir más o menos: llegar de Madrid a Almería costaba 12 horas de viaje. Las carreteras eran malas y apenas existía en la zona un hotel de tres estrellas. Las grandes estrellas llegaban al aeropuerto de Málaga y lego iban en vehículo a Almería.

Pero gracias a estas películas (y a la bomba de Palomares), la provincia pudo ser conocida internacionalmente y esto influyó en el futuro. Primero se desarrolló una industria hotelera, luego se construyó un aeropuerto en el que podían aterrizar DC-8.

DEL SPAGHETTI WESTERN AL SPANISH WESTERN

Se ganaba dinero, pero había que pelearlo. Las películas se realizaban a destajo: los equipos e veían obligados a realizar ocho películas en un año. Apenas se les dedicaban 5 semanas a cada una. Se rodaban durante 12 horas al día, desde que salía el sol hasta las 20:00 horas. La mayoría fueron películas intrascendentes, clónicas y solamente una veintena debieron tener una altura superior. Pronto, la industria del cine mediterránea aprovechó aquellas instalaciones para elaborar productos baratos, de fácil venta, que pasaban directamente a los circuitos de re-estreno o se vendían bien en el Tercer Mundo.

El spaghetti western ideado por Sergio Leone era, originariamente un producto bien elaborado que introducía algunas modificaciones sustanciales en relación al western americano: primeros planos, escenas de violencia gratuita y extremadamente sangrientas, mayor profundización psicológica en los personajes y cierto pesimismo inherente a los argumentos. La modificación de los códigos del western hollywoodiense realizada por Leone atribuía a la banda sonora un papel capital. Habitualmente recurría a Ennio Morricone para realizarla. En algunas producciones protagonizadas por Clint Eastwood, el poncho era una llevado con el mismo estilo y dignidad con la que el Emperador Romano llevaba su manto. Participaban actores de nacionalidades muy diversas. Luego debían doblarse a una misma lengua. De ahí que Eastwood disimulase su dicción mediante un puro encajado permanentemente entre sus mandíbulas.

En algunas producciones participaban unos pocos personajes, en otras actuaban verdaderas masas de extras, cargas de caballería con varios cientos de jinetes, enfrentamientos entre ejércitos. Era difícil controlar todo aquello. Los actores españoles se fueron incorporando: Álvaro de Luna, Sancho Gracia, Fernando Sancho se curtieron en estas producciones. La serie Curro Jiménez hubiera sido imposible sin la experiencia adquirida en aquellas películas.

Lego, tras las grandes producciones de Leone, fueron directores, actores y capitales españoles los que realizando producciones propias en aquellos escenarios. Arisa Paredes, Charo López, Mónica Randall, participaron en estas películas. Fue así como surgió el “spanish western” y los “westerns de frontera” ambientados en Río Grande. No hacía falta cambiar los decorados: estaban allí, eran pueblos abandonados de la zona. Incluso ni siquiera era necesario gastar dinero en vestuario. Las viudas de aquellos pueblos, siempre de luto, reproducían lo que los directores querían presentar como viudas mexicanas.

La producción masiva hizo que estas películas bajaran de calidad y perdieran interés. Les ocurrió lo mismo que antes había pasado con los péplums y después pasaría con las películas de terror: la saturación mató al género. Los argumentos eran repetitivos y, además, empezaron a aparecer otros géneros: la Guerra de las Galaxias, el cine de Spielberg, el revival del cine de aventuras con Indiana Jones, restaron interés a los westerns.

Además, había surgido la competencia en Marruecos y Túnez. Allí, los extras cobraban todavía menos. En la segunda mitad de los 70 rodar en Almería ya no era tan rentable. Se intentó repetir la experiencia en Alicante, pero fracasó. De todo aquello hoy solamente quedan unos decorados que se dedican a la industria turística. Aquel ciclo terminó pero dejó su huella en toda aquella provincia.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

Es un documental que debería interesar sobre todo a los almerienses para que recuerden o recuperen una parte de su pasado reciente. El “spaghetti western”, el “western de frontera”, el “spanish western” forman parte de su historia. El documental es dinámico y presenta los testimonios de profesionales de todo tipo que participaron en aquella aventura. También se nos muestran fragmentos del No-Do y de documentales y reportajes de la época. Echamos en falta la mención específica a las películas más relevantes que se filmaron en aquella época e incluso a las escenas más chuscas que se registraron. Pero, en cualquier caso, el documental es correcto y bien realizado. Lo que le falta hubiera sido difícil de encajar en una hora de metraje.

Habitualmente, los documentales producidos y proyectados por Televisión Española tienen una calidad más que aceptable y solamente es de lamentar que no tengan más promoción. La gran ventaja es que pueden ser vistos y consultados en cualquier momento en la web de este organismo público. Spanish western gustará a quienes vivieron directamente aquellos años en la provincia de Almería. Traerá muchos recuerdos a los que hacíamos pellas en el cole y nos íbamos a ver un “extraordinario programa doble” en un cine de re-estreno en la que el acompañamiento habitual de la película “buena” era un western de baratillo. Quienes se interesen por la historia del cine encontrarán testimonios y datos de interés, a partir de los cuales podrán profundizar. Y, finalmente, los aficionados a los westerns sabrán algo más de cómo aquella época que puede ser considerada como el momento de mayor auge del género.